Buscar
  • Javier Casino

Adán

Actualizado: 31 mar 2020



Se le escapó una sonrisa 

y lo lamentó durante cien tristezas.

Dios no debería creer en nosotros 

—dicen que dijo 

mientras el párroco se ahorcaba 

solo en el campanario.

Su suerte iba.

Como el mundo, cada paso que daba, era de un solo uso.

Las mujeres que más lo querían

comentaban en el mercado

que su resfriado ya duraba demasiado.

Todas murieron de hambre

cien días antes de la vendimia.

Él no pudo ir a sus entierros.

Tenía que atender a cada una de sus miserias. Exigentes. Importantes. Suyas. De noche encendía las luces. De día cerraba los ojos. Ni invierno ni verano se entendían dentro de las paredes de su casa. Los que hablaban de colores decían que era gris. Los ciegos que era mudo. A los sordos no les importaba mientras no dijera algo y, de entre las mejores reses, ningún carnicero con ambición lo habría llevado al matadero. Se llamaba Adán. Como el hijo del otro. Como tú. Como yo. Como nadie con sentido común. Trajo la desgracia al mundo  y se sienta a tu lado en la oficina. Ojalá te absuelva.


#poesia #poemas #javiercasino


2 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Las habitaciones de los niños huelen a plastilina así como los sueños de sus madres son indescifrables. No conviene follar porque sí, la diversión está en la conversación después del polvo. De vez en